jueves, 2 de abril de 2015

EL CAFÉ DE LA ESQUINA

-"Hola, un café con leche"- y me siento
en la barra del bar.
Una mañana más sin otro cuento
que la calle y el frío,
realidad con hastío,
y este lamento para no variar.

La camarera viene y va con prisas,
con ojeras a medio maquillar.
Viendo cómo me ignoran sus sonrisas,
rutinario y metódico,
despacio, abro el periódico
donde improvisa el mundo su girar.

Desamor, soledad y cafeína,
aromas de ternura,
sabor a adrenalina.
Lluvia en la mesa, azúcar en la taza
endulza la amargura
cuando nadie te abraza.
Deslavazada e impura,
la mañana me emplaza
al café de la esquina
donde hasta la rutina
maquilla la grisura 
de su negra amenaza.

Miro al resto de clientes y una blusa
me hace pestañear,
me rondan unos versos y las musas,
huidizas y pillas,
corren entre las sillas,
dándome excusas para no soñar.

Aún arrecia, en la calle, el aguacero 
y enfrente, al otro lado del cristal,
hay un graffiti que grita "TEKIERO",
como un viejo me encorvo,
doy de nuevo otro sorbo,
ya nada espero, no todo va mal.

Aflicción, vacuidad y cafeína,
aromas de ternura,
sabor a adrenalina.
Lluvia en la mesa, azúcar en la taza
endulza la amargura
cuando nadie te abraza.
Despiadada e insegura,
la mañana me emplaza
al café de la esquina
donde hasta la rutina
maquilla la grisura 
de su negra amenaza.

Salgo a la calle, donde las aceras
exhalan humedad.
Ansiosos peatones con ojeras
caminan torpemente
y yo, entre tanta gente,
soy un cualquiera con mi soledad.